Hace unos días estuve en un cliente para explicarle el progreso en el proyecto Osmius desde que sacamos la versión anterior a la actual.

El caso es que este cliente además de en las nuevas funcionalidades del producto, está interesado en poder dirigir algunas características de nuestro querido Osmius hacia sus propios intereses. Quiere contratarnos algunos esfuerzos de desarrollo.

Pocas veces me ha resultado tan fácil tener claro el esquema y el contenido de lo que quería mostrar. Simple cuestión de coger las gráficas y los elementos desarrollados en los últimos 5 ó 6 “sprints” y profundizar sobre una instalación real si los asistentes lo pedían.

Esta es una de las cualidades poco vendidas de una metodología como Scrum:

Todo lo que se hace, día a día, tarea a tarea, se puede ver en tiempo real, y también revisar a posteriori. Todo queda documentado con lo cual es demostrable lo que haces, en cuanto tiempo lo haces y por quién.

Y eso que “documentar” pareciera un verbo horrible para el agilismo.